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Cra. 55 # 11-56 · Ed. Kuna
Rionegro, Antioquia — Colombia

/ formación /
La pregunta que llega de un colegio o una universidad casi nunca es «qué herramienta usamos». Es más incómoda: los estudiantes ya están usando IA, los docentes no saben cómo evaluar lo que reciben, y prohibirla no ha funcionado en ninguna institución que lo haya intentado.
Nuestra formación empieza por ahí y no por el catálogo de aplicaciones. Un docente que entiende cómo razona un modelo puede diseñar una consigna que la IA no resuelve sola; uno que solo aprendió a usar una herramienta se queda sin recursos en cuanto salga la siguiente. Es la diferencia entre enseñar a conducir y enseñar un coche concreto.
El método es socrático, y eso tiene una consecuencia práctica: el docente no sale con una lista de prompts, sale sabiendo formular los suyos. Trabajamos con «personas» de IA —perfiles configurados para una asignatura y un nivel— y con PromptOps, que es el orden que convierte un experimento suelto en algo que el departamento entero puede repetir.
La evaluación es la mitad del problema y se trata como tal: rúbricas que resisten el uso de IA, criterios para detectar sesgos en lo que el modelo devuelve, y marcos éticos que la institución pueda defender ante sus familias y ante su consejo académico.
Diagnóstico
Antes de formar a nadie, medimos dónde está la institución: qué se usa ya, qué se prohíbe, qué teme el claustro. Una formación que ignora ese punto de partida se queda en teoría.
Formación con su propio material
El taller se trabaja sobre las asignaturas reales del profesorado que asiste. Los casos genéricos se entienden en la sala y se olvidan al volver al aula.
Evaluación y marco ético
Rúbricas, criterios de sesgo y política de uso. Es lo que permite que la institución responda con un documento cuando una familia pregunta.
Acompañamiento
Las dudas de verdad aparecen a las tres semanas, no en el taller. Por eso queda un canal abierto y mentoría individual para quien dirige tesis.
/ hablemos /
Un asistente se desactualiza, los documentos cambian y los modelos se renuevan. Por eso trabajamos con planes mensuales: mantenemos la base de conocimiento al día, afinamos lo que ya está andando y vigilamos el costo. Igual que llevamos veinte años haciéndolo con el hosting.
Cuéntanos qué trámite o qué proceso te está costando más tiempo. De ahí sale la conversación.